Pero no creo que sea fácil... Lo tengo que ver todos los días en el colegio y luego, forma parte de mi grupo de amigos... Pff, no se que hacer. No sé si pasar de él, haciendome daño o ir a por él, vale, alomejor vale la pena, pero... haría daño a Mireia. Y no sé que es peor.
Y de pronto, un ruido inopurtuno, se cruzó con mis pensamientos: El móvil. Quién será ahora... Ah, Elisa.
-¿Si?
-Leire, a las seis en punto en la rotonda del colegio. Estan allí todos. No espero un no por respuesta. Y... ¡No tardes!
-¡Elisa espera!
Demasiado tarde. Elisa ya ha colado. Ella es así... Pero es mi amiga, y la quiero. Pero... ¿qué se refiere a "todos"? Pf... Si, lo sé estará Mateo. Ah, Mateo... Bueno no le voy a dar más vueltas, si pasa pues pasó y punto. Nadie puede ganar a mis sentimientos... O eso creo.
Abro el armario. Y ahora ¿qué me pongo?
Después de varios intentos, opto por ponerme un top chulísimo que me compré en Maiami, y unos shorts. Para que complicarse la vida... Así, voy bien.
Cojo el móvil, las llaves y la cartera y los meto en el bolso. Ahora sí. Sólo me falta salir por esa puerta... Y que pase lo que tenga que pasar.
En quince minutos ya me encontraba en la rotonda del colegio. Revisé uno a uno las personas que se encontraban allí: Elisa, Mireia, Mateo y Álex. Los de siempre: mis amigos.
-Hola a todos.
-¡Hola Leire!
-Bueno Elisa, ¿a dónde vamos?
-Bueno, había pensado en ir al prado de las margaritas. Tranquilos, lo tengo todo preparado: La merienda, radio... Nos vamos ya.
Guau, Elisa siempre está en todo. Algunas veces me impresiona.
Todos se pusieron a coger sus respectivos vehículos: Elisa su microcoche azul celeste, Álex con su Honda negra, Mirea su microcoche plateado y Mateo, su Vespa azul oscuro. Yo, opté por irme al microcoche de Elisa.
Estaba ya dentro del coche. Elisa arrancó.
-Leire, tengo que decirte algo.
-Dime
-Le gustas a Mateo.
¿Qué? ¿Precisamente ahora Elisa? Que oportuna... Justo cuándo desaparecía poco a poco de mis pensamientos.
-¿Qué? Pero si Mireia y él tenían rollo o algo ¿no?
-Si, bueno, pero ahora a Mireia se le ve con otro chico.
-Ya, bueno, pero no voy a ser el segundo plato de nadie.
-Leire, a Mateo le gustas desde que aparecistes en el instituto... Cuando aún estaba con Mireia.
-No sé que pensar Elisa. Dejémoslo.
No se oyó palabra desde mi última intervención. Hasta me sentí mal. Pero ya, habíamos llegado.
El prado era precioso. Tenía hierba por un lado y por el otro se encontraba un pequeño bosque. El resto era campo.
-¡Guau! ¿De qué conoces esto Elisa?
-Bueno antes iba aquí cuando era pequeña.
-Es precioso.
Y si que lo era. Hermoso. Elisa sacó las cosas y puso la radio a todo volumen. Todos empezaron a bailar como locos, menos Mateo, que se me acercó.
-Ven.
Me cogió de la mano y me llevó hasta el bosque. Los demás no se dieron cuenta, estaban demasiado concetrados en la música.
-¿A dónde vamos?
-Es una sorpresa.
Y me coge más fuerte de la mano, y me rio. Y soy feliz. Y noto en sus ojos la misma felicidad.
-Hemos llegado.
-Dios... Es precioso.
Mateo me llevó hasta una cascada cercana, dónde se encontraba un pequeño lago, en cuya orilla habían pequeñas margaritas.
Mateo se tumbó en el suelo. Yo lo imité.
-Me alegro estar aquí con tigo...
Se me encogió el corazón. No sabía que decir.
-Yo... Yo también.
Mateo se rió
-¿Sabes...? Nunca he tenido el valor de decirte algo.
-Todavía estás a tiempo... Dime.
Estaba nerviosa. El corazón me iba a mil.
-Pues qué... Te quiero Leire, quiero estar con tigo.
Me quedé sin palabras. Y sentía cada vez más su aliento, su rostro se acercaba al mío poco a poco... Y ocurrió. Nos besamos. Un beso largo y al mismo tiempo corto, un beso frío y al mismo tiempo caliente... Era fántastico, íncreible. Y yo soy feliz. Y ya estaba segura de lo que sentía. Ya no me importaba nada, ni las circustancias, ni miedo... Sólo disfrutaba. Y no exístian problemas.
Luego, nos separamos poco a poco. Todavía podía sentir sus labios contra los míos.
Y me cogió de la mano... Y yo le abracé. Por que en algunos casos, es mejor que los gestos interpreten mejor que las palabras.